GILIPOLLAS DE MI VIDA (ANÉCDOTA IX)

A pesar de las apariencias simples y campechanas, soy un gran amante de la formalidad, del rigor y de la cortesía, lo cual me hace bastante mentiroso.

De hecho, y con cierta frecuencia, cuando los simios autoconscientes comunican con otro de su especie, en lugar de olerse el culo unos a otros como lo hacen especies menos desarrolladas, llevan a cabo una extraña recitación, que implica un intercambio ficticio de comunicación verbal practicamente desprovisto de contenido, y sólo tendido a establecer un prístino contacto.

Los discursos son a menudo sin un objeto, y esto debìa bien saberlo aquella amiga mìa con la que me encontré y que llevaba un nuevo perro a la correa y una extraña sapiens al otro lado. A ella le encanta hablar, de hecho, con seres que no son capaces de apreciar el valor semántico literal de las palabras, pero que reaccionan moviendo la cola, en una actitud amorosa y amable, entendiéndo la voz en su propia manera y correspondiendo con afecto.

Sabiendo que era muy aficionada y familiar, aunque humanizara arbitrariamente a esos extraños y divertidos animales de la nariz húmeda, traté de ser cortés y debatir un poco acerca de esta, a veces melancólicas y torpes, especie de mamíferos.

Con tal perspectiva, bien intencionado, disimulando mis dificultades para contactar un ser canino, demuestro admiración y aceptación para el curioso animàl, recién llegado en la familia. Para enriquecer un poco todo ello, manifiesto un especial cariño por mi perro preferido, el Basset Hound, que, entre todas las razas, me mete una especial alegría y cuya contemplación me pone de buen humor.

Su amiga, registrada de forma rígida a la Protección Animales Italiana, y quién sabe a qué otras extrañas y esquizofrénicas asociaciones en defensa de un turbio planeta y de sus llorosos habitantes con ADN, completamente desconocida para mí hasta entonces, con una actitud un tanto hostil y ostentosamente silenziosa, descuidada en el vestir y de pelo frizz y despeinado, comienza ácidamente a culpar a mi amor por los perros de raza: “Bueno, claro … si no es de raza pura, nadie se lleva un perrito. ¿verdad?”

Para ser de todo honesto, mi ulcerada e inapropiada interlocutora, nunca tuve la menor atracción, y mucho menos la intenciòn de empezar una convivencia juntos con cualquier animal de cualquier especie y raza que sea, a menos que no se encuentren de aquellos que no produzcan excrementos, o por lo menos que sepan apañersela con todo ello en total autonomía.

Mi interés por el sujeto cuadrúpedo en cuestión era puramente debido al deseo de expresar una habitual afabilidad hacia aquellos bípedos con lo que me habìa cruzado. Normalmente los perros me dejan totalmente indiferente y no siento por ellos nada más que una simpatía genérica, ademàs de una cierta responsabilidad, ya que, como ser que pertenece a los sapiens, creo tener el deber de proteger y preservar una especie enteramente creada por la mìa para su exclusivo uso y consumo, o ventaja económica y, hoy en día, para uso básicamente emocional.

Mi entrada en el tema no había tenido el efecto deseado, no era más que un intento equivocado para demostrar una cortés proximidad con mi igual, simulando un interés en absoluto sincero, y mediado, hacia un tema que pensé les iba a gustar.

Imposible en mi pueblo esperar que las dos hicieran por su propia iniciativa un intento de acercarse a mí, tal vez introduciendo ellas un tema apropiado para mí: el rock, la filosofía, la literatura, y sobre todo el tiempo.

Qué sentenciar? La raza humana? No me habléis de ello! Nunca ayudaría a gente que a menudo preferirìa ayudar a su perro en vez que a un miembro de su propia especie! Más bien … ayudarìa a mi perro.

Un cánido no sufre demasiado por una negativa o la hostilidad, un ser humano podría. A mí, el ser rechazado de esta manera no crea problemas, desprecio suficientemente al género humano como para sentirme herido por sus opiniones, pero todo esto demuestra una vez más que el esfuerzo para un acercamiento suave y educado de las hembras sapiens en las salvajes tierras del Piceno, primitivas como son, es totalmente innecesario y fuera de lugar. Se debe, en contrario, resucitar el club y las pieles de montòn, o resignarse a ser mantratados ​​por insatisfechas y amargadas que se creen que tienen sólo derechos, incluido el odioso e inane de poder ser unas gilipollas. ¡Estúpidas!

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