Gilipollas de mi Vida (anécdotas I-V)

Anécdota I

Madrid, dosmilcuatro aproximadamente, había la costumbre de cerrar cada bar de copas en el que se decidiera terminar la noche.

Acompañado por un estudiante de filosofía y colega en la Facul de Derecho, autoproclamado racionalista, de izquierda extrema, amante de Pepe Carvalho al punto de creerse un duro de libro noire a pesar de pesar unos quarenta kilos con zapatos y que prácticamente no tuviese capacidad o actitud física niguna, en la madrugada, un segurata polaco de por lo menos ciento veinte kilos, nos dice firme y con acento extranjero, aún así cortés, que salgamos del bar y terminemos la copa en breve, o nos la llevemos con nosotros. Yo doy las gracias, apuro el tubo, saludo, estoy preparado para salir.

El otro no se mueve. “Están trabajando aquí!” digo y con la mirada sugiero que nos vayámos, dejando que los demás también se vanya a casa. “¡No! He pagado, y yo hago lo que me plazca”. Un argumento débil para un licenciado en derecho, por borracho que esté! Hago lo que estoy acostumbrado a hacer en estas situaciones, decido por mí mismo, y me voy fuera.

Después de unos minutos, el defensor de los derechos de los inmigrantes, del trabajo para todos los demás, el campeón contra la explotación y a favor del estricto cumplimiento de los términos y condiciones de empleo y horas de trabajo, amante de todas las culturas, siendo refractario a cualquier tipo de intolerancia xenófoba y sexual, salió, sin poder hacer nada sino aferrarse a una mano que lo sujetaba por el cuello. Una vez abandonado del vice, se dirigió odioso a la cansada montaña humana diciendo: “¡Mierda de polaco, vuelve a tu puto país!”.

 

Anécdota II

Se trata de “algo más” que gilipollez esta vez. Durante el periodo aproximado en el que vieron la luz indiscutibles obras maestras como Holy Diver de Dio, Powerslave de Iron Maiden, Feel The Fire de Overkill, Defenders of the Faith de Judas Priest, a oscuras del futuro, en la olvidada campaña de Campolungo, Ascoli Piceno, Italia, en una tranquila reclusión rural, la preocupación de mi hermano y mía, su humilde narrador de la humana stupidez y gilipollez, fue la de cuidar durante sólo un par de días, de un pobre perro negro.

Demacrado y cubierto de garrapatas, al parecer se había perdido, cuando efectivamente había huido de las posesiones de un trogloidiota nativo del sitio, abusón y matón. Llegamos a entrarnos de la huida cuando éste (el trogloidiota), sin decir una palabra, se echó crepitante, y con deriva del jeep negro que conducía, en el corral (propiedad privada) en frente a la casa de campo en la que vivimos inconscientes del duro futuro que a nosotros y al mundo nos esperaba. Bajó del vehiculo, y con un tiro de la escopeta boló el cerebro del pobre animal, que se le iba acercándo con miedo, reconocciéndo en él al jefe. ¡Criminal! ¡Mierda!

Y encima tenía razón: ¡el perro era suyo! Estuvimos allí los dos, mi hermano y yo, tal vez a dos metros de distancia de la aspersión de la sangre y de la masa cerebral.

 

Anécdota III

Se dice que un, tal viendo en la calle una muy anciana mujer curva para escanear milímetro a milímetro una zona iluminada por una lámpara, le preguntó qué era lo que había perdido y estaba buscando. La aguja!

Así, cortésmente, se ofreció a ayudarla, pero al no encontrar nada, después de una larga búsqueda, vacilante, trató de reconstruir la historia de la pérdida. ¡Esa se habia verificado en casa! Llegó a saber. El joven desconcertado murmuró: “¿Usted ha perdido la aguja en casa y la busca bajo la lámpara de la calle?” “¡Por supuesto!” Señaló la anciana: estaba posicionada bajo la lámpara de la calle porque allí se veía mucho mejor que en su casa.

Cada uno en sus posturas se deje iluminar por la luz de la linterna que quiera, con los resultados que se merece y que a su vez deslumbrarán al mundo con la stupidez de su autor.

En Italia, no bastan ya fachas y perroflautas, con su considerable retraso historico y mental, sino que descubrí que, en el primer año del tercer milenio y durante una visita a Civitella del Tronto, Teramo, Italia (la poderosa fortaleza y gloriosa … que última se rindió…) todavía existen sostenidores de los Borbones y “antigaribaldini”. La utilidad de ciudadanos como esos y su eficacia es similar a la de las toallitas de los bares.

Entro, pues, en el museo histórico del sitio, y sorprendido veo (para nada avergonzados) a dos caballeros, de edad alrededor de los cinquenta, escupiéndo reiteradamente a la cara, con toda la bilis, la ferocidad y el odio que podían manifestar sus rostros desdibujados, de las efigies de Mazzini y Garibaldi que colgaban de la pared. Las imagenes se habían convertido en un asqueroso retrete, chorreando saliva de gilipollas.

Mi novia de entonces, sueca, casi intimidada por el odio y la agresividad de la escena, totalmente priva de sentido, no entendía! Estos seres estan enojados con nosotros también? Estamos en peligro?

¿Cómo explicar la extraña situación a una forastera si no sonriendo plácido y basándome en el concepto universal de la humana estupidez? Comprensible hasta en los lejanos pueblos paganos de los jutos de Frisia, de los turingios, los alamanos y compañía?

 

Anécdota IV

Un hombre de ciencia, o más en general de “conocimiento” debe (debería) tener una honestidad intelectual impecable y dura como estridente acero, y a la vez una mente afilada como una navaja de afeitar.

A veces, incluso en materias así llamadas “científicas”, ocurren casos vergonzosos y lamentables de falta de honradez, así que mucho peor pasa en aquellas disciplinas que tradicionalmente están invadidas, es bien sabido, por aprovechados, deshonestos y por siervos miserables del dinero y del poder. Enemigos del saber y de la ciencia.

Congreso intergaláctico de derecho penal socioeconómico: las eminencias grises del derecho procesal alemán, entre ellos un conocido profesor germánico aficionado a las tetas de jóvenes estudiantes, professorísimos, y turbomagistrados nativos de suprema corte, aldeanos de las universidades públicas, y profesionales del Derecho en el campo, (funcionarios, camareros, vasalos, soldados y tropas al sueldo de millonarios) obviamente valvassores investigadores, y hasta el Sr. Ministro su exelencia Don Salcazzo en persona, es presente en la sala licenciado en derecho, y ponente de escaso nivel. Una hermosa bolsa de estiércol humano.

El advocado Toallas, español de raza, destacado experto en derecho económico y legal de grandes empresas y multinacionales, se calienta y emociona hablando en favor de su trabajo y en contra de la idea de establecer la trazabilidad de las transacciones económicas e incluso la capacidad de controlar la riqueza de los ciudadanos y de las personas jurídicas, investigando, de esta manera, sobre su origen.

Grave lesión e intolerable, “fascista” de derechos fundamentales como la privacidad y de aún mayores intereses constitucionalmente garantizados en todos las Constituciones ilustradas.

No estando yo muy convencido sobre el tema y sus razones (y aún pensando que a semejante gente le importaran las razones) al final de la conferencia, aprovechando la timidez habitual de la sociedad moderna, pido que se me aclare el tema, y señalo con mi intenrvención algunos beneficios teóricos y prácticos inherentes a saber públicamente la procedencia de la riqueza de cada uno.

¿Privacidad? De saberse ricos públicamente nadie se averguenza y de hecho los ricos hacen siempre todo lo posible para parecer ricos. Por lo que yo sé, si y cuando son discretos es sólo para esconderse a las autoridades fiscales. Risas.

Lívido de rabia el desgraciado no responde exactamente a la parte técnica de mi pregunta-legal, pero se lanza a una diatriba para que apareciera yo, la chaqueta de cuero de Heavy genera siempre malentendidos, como un mendigo-faschas-nazi-comunista-anarquista-dictador. Era muy irònico el pavo: “Viva usted, si le plazca, en un mundo en el que cada uno sabe lo que posee cada otro”. No es que haya habido nunca mucho que saber … en mi caso! Pero no se lo dije porque en todo caso es de la pobreza que se siente uno (y es inducido a sentirse) avergonzado.

Pues resulta, sin embargo, que el magistrado de la Corte Suprema prof. Altanería, que me conocía bien ya que había sido su discípulo, tome la palabra y llamándome por mi nombre públicamente, dedique unas palabras a favor de mi argumento. Frío polar.

Retomando la palabra, el ulcerado profesor, y hombre de “ciencia”, defecó en el acto una breve retractación y palinodia, que tuvo como eje central un entusiasta captatio benevolentiae sobre la claridad iluminante de su Excelencia el juez de la Corte Suprema, cuyas palabras había entendido perfectamente.

 

Anécdota V

Para los latinos  (los verdaderos latinos, no los suramericanos incultos) no había situación más penosa y dramática que la pobreza: “Homo sine pecunia imago mortis est”. Sin embargo, el desprecio implícito en la expresión “muerto de hambre” no está dirigido pura y simplemente a los pobres, sino, siendo sinceros, es más bien un insulto que privilegia a los ricos, a los que se les achaca de comportarse como mendigos aún siendo ricos.

Y fue un caso de un petulante colega toledano, que, privado de la penosa necesidad de trabajar para vivir, se dedicaba a coleccionar grados y postgrados y querría llegar (al menos esa era la intención), como etapa final de su preparación a licenciarse en física; disciplina que, a pesar de sus estudios ya avanzados, él insistía en llamar, con poesía banal e insípida: “La disciplina de Dios”.

Llevaba una pulsera de pelo de elefante africano muerto en la caza. Alto, flaco, chulo, y amigo de la familia real (que también es aficionada a la matanza de elefantes), sus nervios enfermos como lo suelen ser los de la sangre cansada de los nobles, les conducían a ser propenso a rabietas y a repentinos arrebatos de ira. Así que insultaba a cualquiera sólo en consideración de su falta de dinero.

Te daba la mano moviendo el brazo de manera flagrante y mordiéndose el labio inferior, iniciando el movimiento para agarrar la tuya a partir del hombro. Entonces,  apretaba como si quisiera romperte las cuartillas, y emitía a la vez un grito, un “commmmmmmmpañeroooooo” que quería ser amable, y ostentadamente pasar por lo alto las diferencias de casta entre él y tu.

Diferencias de casta de las que llegabas a enterarte (pude observar) habitualmente al tercer encuetro con él. Entonces llegabas a saber que él era noble (o casi) y que su familia de Toledo, poseía seis mil hectáreas de tierra.

Una vez me invitó a su casa a dos horas de Madrid, para probar en un restaurante de la zona rústica unas famosas chuletitas de cordero, a la hora de pagar la cuenta, de hecho nada excesiva, la verdad, compartimos.

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